Mutua Madrid Open 2024: La Caja Mágica, y también la de la mala suerte | Tenis | Deportes

No, no puede ser. El público de la central de la Caja Mágica se echa las manos a la cabeza de modo coreográfico, temiéndose lo peor: no, por dios, otro tenista caído en combate. El checo Jiri Lehecka, un estupendo proyecto de jugador que tres noches antes expulsó a Rafael Nadal del torneo con una actuación fantástica, regresa del vestuario y lo intenta, pero el dolor se lo impide; clava las dos rodillas en la central de la Caja Mágica, mira al infinito y maldice. A sus 23 años y subido sobre la poderosa ola de tenis que ha surfeado estas dos semanas en Madrid, el checo, un armario, se ve obligado a frenar abruptamente en sus primeras semifinales en un gran escenario y el mismo infortunio que le benefició la noche antes —retirada de Daniil Medvedev, por la cadera—, le neutraliza ahora. La gente, pues, vuelve a quedarse con las ganas y a eso de las nueve menos cuarto, vacía progresivamente la pista.

Sorry for you, Jiri”, le dedica en la cámara su rival, Felix Auger-Aliassime, del que cuentan que es un pedazo de pan, chico educado y empático; es decir, no hay postureo. Lo siente. Así que se acuerda de su colega rubio, el fortachón, que se retira hacia el vestuario como puede y jurando otra vez en arameo, y también de los otros que han terminado pagando el pato de una edición sobre la que al parecer, han ejercido vudú en la recta final. “No creo que yo sea ahora el protagonista, sino ellos. Jannik [Sinner] también tuvo que retirarse; Carlos [Alcaraz] ha renunciado a Roma hoy… Son tiempos locos en la élite de nuestro deporte, con muchas retiradas en todos los torneos. Para mí es raro no haber jugado demasiado y estar en la final. Al menos pude jugar un gran partido contra Casper [Ruud], pero no hay mucho más que decir”, expone el canadiense.

Se refiere a los estragos de la élite y, en particular, a los de estos días en un deporte que no pone remedio alguno. Lo sufrió en los octavos el número dos del mundo, Sinner, que venía al barrio de San Fermín con hambre y ni siquiera pudo saltar a la pista por la cadera; en la siguiente estación, la mala suerte atrapó a Medvedev, que en una aceleración sintió un bloqueo y ahora teme que tenga que olvidarse del paso por el Foro Itálico, allí donde triunfó el año pasado; y en las semifinales, más agua fría para el aficionado, que se ha rascado el bolsillo y vuelve a quedarse sin partido otra vez. Seis juegos han transcurrido y la acción se detiene, y de nada sirve el amor propio de Lehecka en su intento de regresar porque no hay vuelta atrás. Tendrá que esperar, pues, a otra ocasión para demostrar que puede terminar estando ahí arriba, quién sabe si codeándose con los más fuertes. Madera tiene.

El caso es que entre tanta lesión y tanto abandono —Zeballos y Granollers tampoco han podido competir en las semifinales del dobles por un problema en el isquio del argentino—, Auger Aliassime, de capa caída desde hace un año, se encuentra con un regalo de campanillas, porque aterrizará en la final de este domingo (18.30, Movistar+ y Teledeporte) bien fresco y más que descansado. De los seis escollos que conducen hacia el episodio definitivo, el de Montreal tan solo ha tenido que sortear tres; por el camino, además de Medvedev y Lehecka, también se lastimó Jakub Mensik. Ahora, pues, tiene ante sí la oportunidad de atrapar el trofeo más importante de su carrera, su primer 1000; le llega, seguramente, cuando menos lo esperaba. Chocará con el ruso Andrey Rublev, superior en la primera semifinal a Taylor Fritz (6-4 y 6-3). Para el ruso, que también saliva porque este podría ser su segundo mil, Montecarlo el año pasado, no hay contratiempos. Y toca madera.

“Cada día que sales a la pista para jugar o entrenar, supone un riesgo”, dice el de Moscú en la sale de conferencias, extendiéndose: “Vas a tope, a la máximo intensidad, así que al final, da igual lo que hagas. Cada día es un riesgo. No estamos echados en la cama. Cuando te sientes bien físicamente, hay menos posibilidades de que te pase algo, y si no lo haces bien, no te cuidas o no descansas, el riesgo aumenta. Cada jugador es responsable de sí mismo, así que tienes que conocer tu cuerpo cuándo puedes sobrepasar los límites o cuándo debes bajar el ritmo. Cada día es un riesgo, en cualquier apartado de la vida”.

Menos trascendental, Auger-Aliassime prevé un “combate duro” el domingo (18.30, Teledeporte y Movistar+). “Todos los jugadores tenemos altibajos, pero él [Rublev] siempre está ahí, casi todos nuestros partidos han sido a tres sets [4-1 favorable a su rival]. Pero siempre son entretenidos, este año tuvimos una buena pelea en Róterdam y tuve varios puntos de partido, así que espero que esta vez salga bien”, dice el joven. Y visto lo visto, el objetivo de ambos tal vez sea salir vivos.

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No, no puede ser. El público de la central de la Caja Mágica se echa las manos a la cabeza de modo coreográfico, temiéndose lo peor: no, por dios, otro tenista caído en combate. El checo Jiri Lehecka, un estupendo proyecto de jugador que tres noches antes expulsó a Rafael Nadal del torneo con una actuación fantástica, regresa del vestuario y lo intenta, pero el dolor se lo impide; clava las dos rodillas en la central de la Caja Mágica, mira al infinito y maldice. A sus 23 años y subido sobre la poderosa ola de tenis que ha surfeado estas dos semanas en Madrid, el checo, un armario, se ve obligado a frenar abruptamente en sus primeras semifinales en un gran escenario y el mismo infortunio que le benefició la noche antes —retirada de Daniil Medvedev, por la cadera—, le neutraliza ahora. La gente, pues, vuelve a quedarse con las ganas y a eso de las nueve menos cuarto, vacía progresivamente la pista.

Sorry for you, Jiri”, le dedica en la cámara su rival, Felix Auger-Aliassime, del que cuentan que es un pedazo de pan, chico educado y empático; es decir, no hay postureo. Lo siente. Así que se acuerda de su colega rubio, el fortachón, que se retira hacia el vestuario como puede y jurando otra vez en arameo, y también de los otros que han terminado pagando el pato de una edición sobre la que al parecer, han ejercido vudú en la recta final. “No creo que yo sea ahora el protagonista, sino ellos. Jannik [Sinner] también tuvo que retirarse; Carlos [Alcaraz] ha renunciado a Roma hoy… Son tiempos locos en la élite de nuestro deporte, con muchas retiradas en todos los torneos. Para mí es raro no haber jugado demasiado y estar en la final. Al menos pude jugar un gran partido contra Casper [Ruud], pero no hay mucho más que decir”, expone el canadiense.

Se refiere a los estragos de la élite y, en particular, a los de estos días en un deporte que no pone remedio alguno. Lo sufrió en los octavos el número dos del mundo, Sinner, que venía al barrio de San Fermín con hambre y ni siquiera pudo saltar a la pista por la cadera; en la siguiente estación, la mala suerte atrapó a Medvedev, que en una aceleración sintió un bloqueo y ahora teme que tenga que olvidarse del paso por el Foro Itálico, allí donde triunfó el año pasado; y en las semifinales, más agua fría para el aficionado, que se ha rascado el bolsillo y vuelve a quedarse sin partido otra vez. Seis juegos han transcurrido y la acción se detiene, y de nada sirve el amor propio de Lehecka en su intento de regresar porque no hay vuelta atrás. Tendrá que esperar, pues, a otra ocasión para demostrar que puede terminar estando ahí arriba, quién sabe si codeándose con los más fuertes. Madera tiene.

El caso es que entre tanta lesión y tanto abandono —Zeballos y Granollers tampoco han podido competir en las semifinales del dobles por un problema en el isquio del argentino—, Auger Aliassime, de capa caída desde hace un año, se encuentra con un regalo de campanillas, porque aterrizará en la final de este domingo (18.30, Movistar+ y Teledeporte) bien fresco y más que descansado. De los seis escollos que conducen hacia el episodio definitivo, el de Montreal tan solo ha tenido que sortear tres; por el camino, además de Medvedev y Lehecka, también se lastimó Jakub Mensik. Ahora, pues, tiene ante sí la oportunidad de atrapar el trofeo más importante de su carrera, su primer 1000; le llega, seguramente, cuando menos lo esperaba. Chocará con el ruso Andrey Rublev, superior en la primera semifinal a Taylor Fritz (6-4 y 6-3). Para el ruso, que también saliva porque este podría ser su segundo mil, Montecarlo el año pasado, no hay contratiempos. Y toca madera.

“Cada día que sales a la pista para jugar o entrenar, supone un riesgo”, dice el de Moscú en la sale de conferencias, extendiéndose: “Vas a tope, a la máximo intensidad, así que al final, da igual lo que hagas. Cada día es un riesgo. No estamos echados en la cama. Cuando te sientes bien físicamente, hay menos posibilidades de que te pase algo, y si no lo haces bien, no te cuidas o no descansas, el riesgo aumenta. Cada jugador es responsable de sí mismo, así que tienes que conocer tu cuerpo cuándo puedes sobrepasar los límites o cuándo debes bajar el ritmo. Cada día es un riesgo, en cualquier apartado de la vida”.

Menos trascendental, Auger-Aliassime prevé un “combate duro” el domingo (18.30, Teledeporte y Movistar+). “Todos los jugadores tenemos altibajos, pero él [Rublev] siempre está ahí, casi todos nuestros partidos han sido a tres sets [4-1 favorable a su rival]. Pero siempre son entretenidos, este año tuvimos una buena pelea en Róterdam y tuve varios puntos de partido, así que espero que esta vez salga bien”, dice el joven. Y visto lo visto, el objetivo de ambos tal vez sea salir vivos.

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