La mejor versión de De Bruyne saca al City del atolladero en Selhurst Park | Fútbol | Deportes

Los equipos de época suelen gravitar alrededor de grandes figuras. Personalidades rutilantes. Jugadores y hombres con algún encanto o con carisma. Pep Guardiola suele decir que la actual plantilla del Manchester City es la reunión de futbolistas con más sentido del esfuerzo, compañerismo, humildad y solidaridad que ha dirigido en su carrera. Pero si por algo se caracteriza el vigente campeón de la Champions y la referencia absoluta de la excelencia en la Premier es por la ausencia de una estrella cegadora. Lo que más se aproxima a eso es el desabrido Kevin de Bruyne, a sus 32 años, el futbolista más difícil de gestionar del grupo. Un maestro impredecible que este sábado en Selhurst Park se ajustó el traje de director de orquesta para conducir al City a una remontada que acabó en fiesta (1-4) a dos días de visitar el Bernabéu en la ida de los cuartos de final de la Champions. Fue, probablemente, el mejor partido del belga en lo que va de su accidentada temporada.

2

Dean Henderson, Joachim Andersen, Joel Ward, Jefferson Lerma, Daniel Muñoz, Will Hughes (Naouirou Ahamada, min. 82), Adam Wharton, Tyrick Mitchell (Clyne, min. 74), Eberechi Eze (Schlupp, min. 64), J. Ayew (Michael Olise, min. 74) y Mateta (Edouard, min. 74)

4

M. City

Stefan Ortega, John Stones, Rúben Dias, Gvardiol (Manuel Akanji, min. 45), Rodrigo (Kovacic, min. 73), Julián Álvarez (Matheus, min. 73), Rico Lewis, De Bruyne (Bernardo Silva, min. 92), Oscar Bobb, Grealish y Erling Braut Haaland

Goles 1-0 min. 3: Mateta. 1-1 min. 13: De Bruyne. 1-2 min. 47: Rico Lewis. 1-3 min. 66: Erling Braut Haaland. 1-4 min. 69: De Bruyne. 2-4 min. 85: Edouard.

Árbitro Paul Tierney

Tarjetas amarillas Gvardiol (min. 46) y Mateta (min. 62)

Guardiola retiró del campo a De Bruyne en Anfield, el 10 de marzo, en una jornada marcada por las protestas del sustituido, incapaz de irse al banquillo sin escenificar una revuelta. No fue la primera vez. Tampoco fue una sorpresa que De Bruyne saliera al campo del Liverpool en actitud displicente. Hace años que el jugador transita una frontera espinosa. Combina la tendencia a engordar con la tendencia, muy propia de los futbolistas belgas, hacia el conformismo. Obligado a multiplicar su movilidad por rivales que se cierran cada vez más en respuesta al juego ofensivo del City, el hombre alterna días de abnegación con días autocomplacencia. Así, en Anfield restó un eslabón imprescindible a la cadena de pases de su equipo y anuló por completo sus enormes posibilidades de desequilibrio. Nadie tiene un golpeo más tenso ni un pase más quirúrgico.

El Crystal Palace se presentaba como la penúltima de una serie de trincheras con concertina en el camino del City. Seis días después de jugar contra el Arsenal, dos días después de recibir al Aston Villa, y dos días antes de viajar a Madrid, el partido del sur de Londres amenazaba como emboscada en el desfiladero hacia el desenlace de la Premier más disputada de la historia. Dirigido por el austríaco Olivier Glasner, el mismo que eliminó al Barça de la Liga Europa en 2022, el Palace luce uno de los bloques bajos más sólidos y bien surtidos de Inglaterra. Uno más en la larga lista de blindados que multiplican su espesor ante las balas del City con cada temporada. Además, lleno de jugadores excelentes como Wharton, Hughes, Eze, Ayew o Mateta. Tíos capaces de armar el contragolpe más preciso y rápido imaginable en el minuto tres para ponerse por delante (1-0) y someter al City a un test de resistencia. A ver de qué madera está hecho.

Guardiola había reservado a Silva y Foden, dos jugadores determinantes en las últimas jornadas. De Bruyne ocupaba el interior izquierda intercambiándose con Grealish, que oficiaba de falso extremo. Contra procedimientos empleados en anteriores campañas, el City no giraba el juego de banda a banda sino que acortaba los cambios de orientación. Pases cortos y giros cortos por el medio constituían la base del ataque. El City dada vez cuelga menos balones desde los costados, ya que los rivales como el Palace han aprendido a defender los centros con tanta acumulación de gente en el interior del bloque que liberan las bandas para invitar a que se los tiren. Eso esperaban de Grealish cuando en el minuto 13 se fue por afuera y volvió por dentro para conectar con De Bruyne. El belga entró por el carril interior y metió el martillo que tiene por pie izquierdo. El balón entró por la escuadra: 1-1.

Guardiola le había dado descanso después del episodio de Anfield. Problemas físicos, alegó el club. “Ha sido una temporada complicada para él, por las lesiones”, explicó el técnico. Este miércoles volvió a la grada contra el Aston Villa. Y en Selhurst Park, de regreso al equipo titular, no paraba de moverse entre la poblada línea de atacantes que saltaban de carril en carril a la espalda de Haaland: Grealish, Rodri, Álvarez, Lewis y Bobb.

“Después de seis años, excepto dormir juntos hemos hecho de todo”, dijo una vez Guardiola del belga. “Le quiero ver coger el balón en movimiento, no al pie, ni quedándose en una posición fija. Le quiero ver moverse para aparecer y contactar”.

Es la gran paradoja de De Bruyne. El mejor tirador a pie parado de la plantilla, y probablemente del mundo, necesita evitar por todos los medios el pie parado para no atascar los avances del City. Eso hizo en Selhurst Park con una exhibición de concentración y agilidad para interpretar todos los escenarios que se formaron, también en defensa. Su pase a Haaland tras el 1-1, una asistencia de 30 metros que rompió dos líneas y no acabó en gol porque el portero sacó la punta de la bota, fue un regalo a los hinchas.

Grealish y el socio que da sentido a su regate

Henderson, el portero local estuvo sembrado lo mismo que sus interiores y sus delanteros en una tarde extraña para City. La defensa del equipo norteño, cimientos de su estabilidad junto con Rodri, no tuvo su hora más preclara. El equipo de Guardiola solo sacó adelante el partido por abnegación, porque Rico Lewis no deja de crecer, porque Julián Álvarez es un pertinaz del desmarque, y porque Grealish descubrió que cada vez que inventaba algo De Bruyne le ofrecía multiplicar sus creaciones con una asociación.

Lewis empujó el 1-2 tras un mal despeje de Anderson al regreso del descanso y otra asociación de Grealish por fuera y De Bruyne por el carril interior provocó la estampida tardía de Anderson, caudillo de la defensa local, y desembocó en el pase a Haaland, que hizo el 1-3. El Palace se tambaleaba cuando De Bruyne firmó su obra maestra. Comenzó la jugada en la posición de mediocentro de referencia, por detrás de Rodri, que subió entre líneas. Cuando la jugada se abrió hacia Grealish y el inglés conectó con Rodri en la frontal del área, el español miró a su izquierda y activó al llegador pelirrojo. Ahí, en el prado descubierto entre los pivotes y los centrales apareció De Bruyne con su martillo. El 1-4 aseguró los tres puntos para el City en un partido que acabó 2-4 y que sitúa al equipo celeste igualado al Liverpool en la cabeza de la clasificación con 70 puntos, y a la espera del Arsenal, que suma 68 puntos y juega con el Brighton este sábado.

Puedes seguir a EL PAÍS Deportes en Facebook y X, o apuntarte aquí para recibir nuestra newsletter semanal.