Italia estudia limitar los bloqueadores de la pubertad para los menores transexuales | Sociedad

El Gobierno italiano se está planteando restringir el uso de fármacos bloqueadores de la pubertad en menores transexuales. Los ministerios de Sanidad y Familia han puesto en marcha una mesa técnica conjunta que se completará en los próximos días con expertos multidisciplinares para estudiar el uso de la triptorelina, un medicamento que bloquea la producción de hormonas sexuales y que se utiliza para retrasar los cambios de la pubertad en adolescentes transexuales.

El objetivo, según han explicado los ministros en un comunicado, es elaborar una normativa específica, ya que en la actualidad en Italia existe una especie de vacío legal sobre el uso de estos fármacos para esta indicación concreta, distinta de aquella para la que fue aprobado. Los titulares de Sanidad y Familia, respectivamente Orazio Schillaci y Eugenia Roccella, han explicado que han tomado la decisión de profundizar en esta cuestión impulsados por la nueva literatura científica y por “las experiencias de otros países que, tras haber promovido una amplia práctica de estos fármacos, están revisando sus posiciones”, como Reino Unido, Suecia o Finlandia, que han limitado recientemente este tipo de terapias. Aunque en todo caso estos fármacos son recetados solo por médicos, no hay un protocolo de actuación vinculante que establezca en qué casos se pueden prescribir las terapias hormonales en menores y cómo, según han denunciado algunos parlamentarios. Hay únicamente recomendaciones de distintos organismos como la Agencia italiana del medicamento. Las más recientes son de 2018.

En los últimos meses, el ministerio de Sanidad, que ha atendido la petición del Comité Nacional de Bioética de reexaminar la cuestión del uso de triptorelina en menores, ha recibido informes de las principales sociedades científicas implicadas en la cuestión de la incongruencia de género en adolescentes, expresión que emplea la OMS para referirse a la transexualidad sin la carga patológica que tenía la disforia de género, que hasta 2018 estaba catalogada como enfermedad.

El uso de bloqueadores hormonales en adolescentes es objeto de controversia en varios países, en una cuestión en la que a menudo el debate científico se mezcla con la ideología. En Italia, donde gobierna una coalición ultraconservadora duramente criticada en los últimos meses por las asociaciones LGTBI, el debate sobre el uso de estos medicamentos y los derechos de los menores trans todavía son incipientes.

La triptorelina, un fármaco previsto originalmente para el tratamiento del cáncer de próstata, se utilizaba en Italia hasta 2018 para bloquear la pubertad en menores trans solo cuando las familias costeaban íntegramente el precio del medicamento. Ese año el Comité Nacional de Bioética aceptó el uso del medicamento en adolescentes trans únicamente “bajo un criterio de prudencia, en situaciones cuidadosamente seleccionadas que deberán evaluarse caso por caso” y teniendo en cuenta una serie de recomendaciones: que el diagnóstico y la propuesta de tratamiento procedieran de un equipo multidisciplinar y especializado, que el tratamiento se limitara a los casos en los que otras intervenciones psiquiátricas y psicoterapéuticas hubieran resultado ineficaces, y que contemplara un consentimiento firmado del menor y de sus padres. En 2019, el Sistema Nacional de Salud comenzó a sufragar el coste completo del medicamento, a pesar de las numerosas críticas que recibió, especialmente de los grupos católicos más conservadores.

La Sociedad Italiana de Psicoanálisis ha escrito al Gobierno para expresar su “gran preocupación” y “fuerte perplejidad” por el uso de bloqueadores de la pubertad. “El diagnóstico de ‘disforia de género’ en edad prepuberal se basa en las declaraciones de los sujetos afectados y no puede ser objeto de una evaluación meticulosa mientras el desarrollo de la identidad sexual esté todavía en curso”, señala esta asociación de profesionales, la principal y más antigua del sector en Italia, también reconocida en el ámbito internacional. Y advierte de que “sólo una minoría de los menores que declaran no identificarse con su sexo confirman esta posición en la adolescencia, después de la pubertad”. También alerta de que “suspender o impedir el desarrollo psicosexual de un sujeto, a la espera de la maduración de una definición de identidad estable, entra en contradicción con el hecho de que este desarrollo es un factor central del proceso de definición”.

El primer paso de los ministros ha sido solicitar a las regiones, sobre las que recaen la mayor parte de las competencias en materia de sanidad, que elaboren memorias para saber en cuántos casos se ha prescrito la triptorelina y realizar un seguimiento clínico. También han pedido a la Agencia italiana del fármaco que revise las indicaciones terapéuticas para la administración del fármaco en cuestión. Con la información que obtenga, el Ejecutivo también estudiará la eliminación de la triptorelina de la lista de medicamentos a cargo del Servicio Nacional de Salud.

Hasta ahora, la agencia se limitaba a recomendar que los bloqueadores de la pubertad se suministren en casos de Incongruencia de género bajo control y seguimiento de psicólogos o psiquiatras.

La iniciativa del Gobierno se ha conocido justo después de que el hospital florentino Careggi, uno de los pocos centros que atienden a menores con incongruencia de género, haya sido objeto de una inspección de Sanidad. Además, la fiscalía también está investigando las prácticas del centro. El pasado diciembre, Maurizio Gasparri, portavoz en el Senado del partido conservador Forza Italia, parte de la coalición de gobierno, envió una pregunta parlamentaria en la que aseguraba que había recibido información de que en este hospital se administraba triptorelina sin respetar los procedimientos señalados por la Agencia italiana del fármaco, que prevén un curso psicoterapéutico antes de la terapia hormonal.

El ministerio de Sanidad ha aclarado que la inspección “no tiene ninguna intención punitiva, sino más bien un conocimiento sobre el terreno de las pautas que se están llevando a cabo”.

A los 15 años

El hospital Careggi ha remitido al ministerio un informe detallado en el que se habla de cifras muy reducidas y de procedimientos complejos y supervisados. La administración regional de Toscana, donde está el centro médico, ha aportado algunos datos al informe: en 2022, el Centro Regional de Incongruencia de Género registró 60 accesos y 18 prescripciones de bloqueadores de la pubertad; en 2023, las cifras ascendieron a 150 y 26, respectivamente. La edad media de las personas que acceden al servicio es de 14,8 años, y de las que reciben el fármaco, de 15,2.

El informe especifica que el fármaco sólo se administra a adolescentes ya en la pubertad, y no a niños, y explica que en el Careggi no se profundiza la evaluación psicológica de los menores que acuden a su consulta porque un psicólogo en otro centro de la región evalúa a lo largo de varias sesiones durante un año si el paciente cumple los criterios diagnósticos de incongruencia de género.

Tras la inspección en el Careggi, los padres de la asociación GenderLens, que se ocupa de menores “de género creativo” y transexuales, han mostrado su preocupación y temen que se interrumpan las terapias y los tratamientos hormonales y que sus hijos, “que por fin han encontrado el camino correcto”, puedan quedar abandonados. Algunas familias han explicado que ya han viajado a España para “asegurarse de que, pase lo que pase, podrán empezar los tratamientos hormonales” allí, para dar a sus hijos “el futuro tranquilo que se merecen”.

Los ministerios implicados han querido calmar a las familias de menores trans y han asegurado que las preocupaciones que han expresado resultan “completamente infundadas” y han alegado: “En la mesa técnica interministerial participarán expertos de alta y reconocida cualificación científica que podrá aportar elementos cognitivos para ofrecer garantías a los menores y tutelar la adecuación de las terapias, elementos que estamos seguros son importantes para todos”. También han reafirmado que “no es sólo necesario, sino también urgente llevar a cabo una revisión tanto de la literatura científica como de los cambios procedimentales, normativos y legislativos que se han producido en el extranjero” en referencia a los países que han restringido el uso de los bloqueadores de la pubertad.

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