Conde de Godó 2024: Nadal, certezas e incógnitas hacia el punto final | Tenis | Deportes

Barcelona es el primer punto de una escalada emocional que apunta, o así lo desliza el protagonista, a alcanzar el clímax en la arena de París. Dentro de poco más de un mes —el 26 de mayo exactamente— comenzará Roland Garros, objetivo para el que Rafael Nadal concentra todos sus esfuerzos porque el boceto que insinuaba su mente durante la pretemporada ha ido saltando por los aires y al tenista no le ha quedado más remedio que improvisar sobre la marcha. Dicta el día a día, en realidad. Pelota a pelota. No pudo jugar en Australia, tampoco en Indian Wells y, tras descartar Montecarlo, punto de partida de la gira sobre tierra batida, encontró un oasis inesperado en el club de su vida. El del Godó es un primer adiós de alta carga simbólica —el desenlace parte del origen—, resumido en siete días que concentran tantas certezas como interrogantes: confía el mallorquín en disfrutar de un último baile en el Bois de Boulogne, pero hoy por hoy, todo sigue estando en el aire.

Juego, pero condicionado. Los duelos contra Flavio Cobolli (62º) y Alex de Miñaur (11º) han revelado que el instinto competitivo de Nadal sigue intacto, más allá del marcador y la estadística. En cuanto cogió un punto de temperatura, su tenis le permitió rendir con suficiencia al joven italiano y retar de tú a tú al australiano, aunque conforme se le fue agotando la gasolina, su rendimiento cayó de forma abrupta. Ante rivales de perfil liviano como el primero, su inteligencia y su jerarquía pueden ser suficientes, pero la historia cambia si el de enfrente propone un ritmo de bola lineal. “He jugado con lo que tengo”, se sinceró. Y los hechos dicen que el drive y el revés son fácilmente recuperables, pero no así el servicio. Mermado del abdominal, la velocidad media de su saque (alrededor de 190 km/h) se ha reducido de forma sensible, aunque lo incrementó de la primera (160 km/h) a la segunda aparición (170 km/h) del torneo.

El físico, con alfileres. Lógicamente, los contratiempos de los últimos tiempos y el paso por el quirófano han pasado factura a un jugador que el próximo 3 de junio cumplirá 38 años, y que arrastra tras de sí un extenso historial de lesiones y parones forzosos. Si la incertidumbre ya era considerable, en este último tramo se ha redimensionado. “Pueden pasar muchas cosas”, indicó antes de la puesta en escena en Pedralbes. Admite Nadal que “hoy día, lo principal no es ganar, sino salir sano del torneo, más que cualquier otra cosa”. Y el temor a que el cuerpo pueda volver a fallarle en un momento u otro sigue presente. “No sé cómo puede responder a según qué tipo de exigencias; he jugado muy poquito durante el último año y medio, o sea que vamos a ver hasta dónde puedo. Intentaré no cruzar líneas peligrosas”, agrega. Eso sí: “Salgo reforzado”.

Nadal, el miércoles en el Godó.Albert Garcia

Los sorteos y el ritmo. Situado en el puesto 644º del listado mundial, el español se ve obligado a un doble peaje para poder acceder a los torneos: las invitaciones o el ranking protegido. La pérdida de estatus comporta, además, que desde las primeras rondas deba afrontar a adversarios de peso como el propio De Miñaur, por lo que el terreno se inclina desde el principio. A diferencia de las épocas de bonanza, cuando disponía de un margen relativamente amable para ir calibrando su juego y aplicando ajustes, ahora no encontrará escapatoria. En Indian Wells, por ejemplo, su segunda confrontación apuntaba a ser contra el danés Holger Rune —número siete en aquel momento—. Si no logra ir más lejos, como en el caso de Barcelona, la posibilidad de ganar ritmo competitivo se reduce la carga que pueda incorporar en los entrenamientos con jugadores de primer nivel. “Si mi cuerpo va habituándose, podré dar un paso adelante. Tengo que ir midiendo cómo me voy encontrando. Pero siento que he dado un paso adelante”, señala.

De tres a cinco sets. A principios de año, a Nadal ya se le hizo largo el pulso con el australiano Jordan Thompson. Ese día, 5 de enero, el reloj registró 3h 25m, extensión que su cuerpo no fue capaz de soportar. Aunque incide en que hoy su objetivo prioritario es poder saltar a la pista, “no ganar”, para aproximarse al propósito de despedirse siendo realmente competitivo tendrá que adquirir una continuidad que deberá ser aún superior en el hipotético caso del aterrizaje en París. Allí, los partidos pasarían al exigente formato de las cinco mangas, sin olvidar los requerimientos del contexto de la arcilla. Menos lesivo en términos de rodillas o apoyos, es el más demandante desde el punto de vista de la resistencia y de la fuerza. “A veces es difícil jugar cuando sabes que no vas a poder luchar todo el partido; hoy, porque dentro de unas semanas seguramente sí […]. Una vez que se pierde el primer set, el partido se acaba”, reconoció tras ceder ante De Miñaur.

Nadal golpea de revés ante De Miñaur.
Nadal golpea de revés ante De Miñaur.Albert Garcia

Roland Garros, ¿último destino? Durante su última alocución ante los periodistas, Nadal enfatizó que la meta real es París, donde no pudo jugar el curso pasado como consecuencia de la lesión en el psoas ilíaco: “Allí, que sea lo que Dios quiera. Si hay que intentarlo [arriesgar], ahí es el momento de decir: ‘pase lo que pase, aquí sí”. Acotó el deseo al grande francés, citando de camino los Masters 1000 de Madrid y Roma; sin embargo, en ningún instante mencionó los Juegos Olímpicos de París, evento que tendrá lugar a partir de finales de julio y que ahora mismo queda muy lejano para él. “Tengo que ir midiendo cómo me voy encontrando. Entiendo que para la gente que no está en mi día a día, es difícil entender mi momento actual y mis últimos meses, pero tengo que actuar en función de cómo vaya encontrándome”, prioriza. No obstante, ya ha manifestado en alguna ocasión que le haría ilusión poder hacer un quinto desfile olímpico.

Retirada: sí pero no. En una entrevista concedida a EL PAÍS a finales de diciembre, mientras se preparaba en la sede de su academia en Kuwait, el deportista aseguró que antes de que empezara el major parisino ya sabría si iba a colgar la raqueta o no. Nadal siempre ha sido reacio a anticipar su adiós porque, en el momento en el que lo piensas o lo visualizas, entiende, “ya estás entrando en esa dinámica”, ha afirmado más de una vez. Admite que ese momento está cada vez más cerca y en su resignación se percibe que acepta el devenir de los acontecimientos a regañadientes, obligado a marcharse de un lugar, el de la competición, que todavía no desea abandonar. Sin embargo, la falta de regularidad que perseguía está esclareciendo el horizonte y guiándole hacia una decisión definitiva. “Nunca se sabe lo que te depara el futuro, y la vida probablemente te marca tu camino. Ahora me lo está marcando de una manera bastante clara. He jugado este torneo como si fuera mi última vez en el Godó”, respondía el miércoles, mientras el aficionado compartía de manera generalizada la misma impresión.

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